El zigzag de la vieja Villa

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El movimiento de la ciudad es curvilíneo, circular, recto, Remedios se traslada como puede, mediante rústicas deformaciones de metal, ruedas cogidas con trozos de hierro fundido, manubrios arrancados de alguna cerca durante la media noche. Los bicitaxis llegan a más de doscientos en un poblado de pocos kilómetros de diámetro, toda la vida ocurre alrededor de ese medio de transporte, incluso he visto cómo una pareja de recién casados hace su recorrido nupcial montados en un bicitaxi.
La ciudad no halla una manera más lógica de acortarse, la gente paga diferentes tarifas por pasaje, pero por lo general giran sobre los diez pesos cubanos. La tracción humana incluye otras humanizaciones, por ejemplo, uno encuentra una variopinta cantidad de interlocutores que te entretienen el viaje. Entre los bicitaxistas se puede hacer un trazado de la condición humana, menciono por ejemplo a Pedro, quien tiene 39 años y cree en los extraterrestres, de hecho estuvo presente en varios avistamientos aquí, en la villa de San Juan de los Remedios y tiene anotados dichos sucesos en una libreta que siempre trae encima y que muestra al viajero de turno. Sus compañeros de trabajo se burlan de él, le dibujan marcianos cabezones en el cinc del techo del bicitaxi, de hecho Pedro se conoce en el gremio como “el extraterrestre”.
Es que en la actividad se unen el espíritu místico de la vieja ciudad con el ansia de supervivencia de algunos de sus hijos más típicos, por ejemplo Javier trabajó antes en la morgue del “Hospital Municipal 26 de Diciembre”. Según cuenta, él tenía una fijación con la muerte que no lo dejaba dormir, hasta que visitó a un siquiatra que lo convenció de enfrentarse a sus miedos. Así que aceptó una plaza vacante como asistente en la realización de los exámenes necrológicos. Tiene excelentes conocimientos de anatomía, y puede entretenerte todo el viaje a través de los vericuetos del cuerpo humano, los nervios, los tendones, las fases de descomposición. Ese necrofílico dejó de ejercer su oficio, pero nos cuenta que a veces en la noche no puede dormir, pues piensa en la muerte y teme que regresen sus miedos.
El transporte en bicitaxis se nutre de muchas cosas, pero sobre todo de ganas de luchar, las piezas que componen el medio de transporte no son fáciles de adquirir. A veces se roban de algún cercado puesto en la oscuridad de la noche, por ejemplo, las mallas y los tubos del terreno de pelota situado en los ejidos del sur de la ciudad desaparecieron de la noche a la mañana. Comprar un bicitaxi deviene una tarea imposible para la mayoría de quienes manejan este medio, casi siempre ellos son la mano de obra rentada. Los dueños descansan en la placidez de sus casas o se dedican a otro negocio. No obstante, según Yanco “del bicitaxi se vive, yo levanté mi casa y mantengo a mi familia, aunque sé los daños que en el futuro pueda sufrir mi salud”. Algunos órganos como la próstata, los riñones o huesos como la cadera y la columna enferman de forma irreversible, debido a lo incómodo de la postura y el esfuerzo humano. A pesar de todo, a este medio de transporte no se le expide licencia para que usen ningún tipo de motor. El tema de las multas y las prohibiciones siempre levanta ronchas en el sector, pues urge una humanización del servicio.
Entre las rutas más transitadas están la del parque hacia el hospital, así como a los repartos de los bloques de edificios, la salida a Caibarién y a Camajuaní, etc. Pero más allá de un medio de vida y de transporte, los bicitaxis conforman el skyline de Remedios, son el paisaje perenne. Algunos llevan pintado el escudo de la ciudad, otros ostentan una insignia del club de fútbol Real Madrid o el Barcelona. Parecen en la noche carruajes para carnavales, por la cantidad de luces y la música estridente (casi siempre reguetón), sin que importe a la hora que hacen el recorrido ni el barrio por donde pasen. “Es que a las tres de la mañana uno se siente muy solo en la calle y escuchar algún sonido te relaja y acompaña”, dice Yunior, un joven que ha estado trabajando intermitentemente como bicitaxista y pintor de casas.
Confieso que casi nunca me transporto de esa manera, prefiero por mucho caminar los pocos kilómetros que conforman a Remedios, además, disfruto cada esquina de la ciudad colonial y hallo encanto en ir a mi ritmo, sin los saltos y meneos del bicitaxi. Pero cuando me monto en alguno, no dejo de conversar. Como creo en el valor humano y en los oficios, manejar bicitaxis en Remedios no sólo es útil sino pintoresco. Una de las multas más originales que conocí se la impusieron a uno de estos bicitaxistas, por llevar un gavilán amarrado a los manubrios del vehículo. Si se va hasta la piquera donde están concentrados, lo mismo puede escucharse una jodedera con el Extraterrestre, que un toque de fotuto a algún marido cabreado.
La ciudad se mueve de esa manera que puede parecer bizarra, en círculos, rombos o zigzagueos, pero se mueve. El ritmo del vaivén y los saltos acompañan a Remedios, villa pequeña, pero inestable en sus maneras de vivir, agónica en su estilo de asumir una salida a la crisis del transporte y a toda crisis posible.

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Una ciudad atrapada en las redes

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Cuando la red wifi de internet flotó sobre la ciudad de los demonios, un anciano recordaba cómo su abuelo lo llevó a conocer el hielo, las señales de humo, la telegrafía, las cartas de amor, el vapor que traía los barriles de vino y las noticias de Europa.

San Juan de los Remedios, cinco siglos de aislamiento, un sitio donde las fabulaciones se unen a la vida cotidiana sin que haya divorcio. Ahora, una nube de bits se cierne sobre los tejados rojizos y los ventanales de madera. Los guajiros y las solteronas van al parque, atraídos por la novedad de una lluvia electrónica, donde se escuchan infinitas vidas.

Dos señoras vinieron desde el caserío vecino para ver sus nombres brillar en una cuenta de Facebook. Los jóvenes se quedan hasta tarde conectados y prefieren enviarse stickers, mensajes de amor, mentiras, juegos. Hay en ellos el ansia de lo nuevo y el consumo de una cultura antigua, proveniente de los mensajes cifrados y los caminos polvorientos.

La wifi barrió los últimos vestigios de una ciudad aislada, ahora cualquier persona con una tarjeta de internet por una hora puede acceder a las últimas noticias e interactuar en las redes sociales. Rápidamente Remedios se une al mundo a través de la invisibilidad de la inventiva.

Dicen que las parrandas se realizarán de manera virtual, como un videojuego, también se comenta que el güije, tradicional figura mítica, será el personaje central de alguna saga donde los usuarios asumirán nicknames relacionados con la historia de la Villa. Una ciencia ficción mezclada con disparates cotidianos se cierne sobre la plaza Isabel II, donde los magos del pasado son los informáticos del presente, y los hechizos devienen en tabletas digitales, teléfonos inteligentes, laptops satelitales.

Se corre la voz de que en el futuro las personas optarán por una ciudad virtual, que será habitada por personas reales y por programas informáticos. Todas las fantasías se harán posibles en un mundo de bits.

Los viejos periodistas locales, tocados por la musa de la escritura, optan por convertirse en blogueros con sus bitácoras hiperlocales, verdaderos documentos de una época que transcurre más rápido desde que la wifi flota como una nube azulada con el logo de Facebook o como el pájaro verdoso de Tuiter. Ahora hablan de “solicitud de amistad”, “mensajes privados”, “post compartido de forma pública”. Los grupos de “Remedianos en Facebook”, “100 % remedianos”, “Remedianos por el mundo” y “Parranderos en la web” conversan sobre los temas más cotidianos: el hueco de la calle, el nuevo vestido de la amiga, las pizzas de la esquina, una entrada de voladores a las cinco de la mañana.

Una amiga cuenta cómo reaccionó su mamá cuando conoció el acceso a la web: iba llorando porque en su época sólo se usaba la máquina de escribir y el correo postal. Nunca se imaginó que un dispositivo facilitara la comunicación entre ella y una persona al otro lado del mundo.

Porque ahora Remedios está en todas partes, sus fieras cotidianas y leyendas se esparcen a través de la gran telaraña mundial. Otros fenómenos de otras partes del mundo virtual y real se pasearán por las calles rojizas de la villa. La ciudad fabula con sus celulares y sus pantallas táctiles, las torres de las Iglesias se reflejan en los banners de los blogs y los sitios webs. Los guajiros de la zona se intercambian SMS para avisarse los cambios de tiempo, las secas, los truenos, las malas cosechas, los movimientos de ganado.

Hoy más que nunca una leyenda local y mundial, la Octava Villa sueña en bits y su olor se impregna a las casas de bambú en la selva asiática, las montañas nevadas de todas las cordilleras, las calles de una ciudad europea, donde quiera que hay una persona conectada a la web. Ese viaje virtual torna a Remedios más mundial y al mundo más remediano.