Yo

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Mauricio Escuela

Bloguero que intenta la aventura sigilosa de escribir. Desde esta bitácora narro, comento, cruzo los mares y los muros físicos y metafísicos. Nacido un día doce del 1988, piscis recalcitrante, pertenezco a una generación que aún ama mientras atraviesa el viento. En lo personal prefiero los días grises para pensar melancólicamente. A veces imagino cosas descabelladas, pero no las digo. ¡Ah, casi se me olvida!, soy periodista. Las crónicas del día a día, lo que sucede en mi cabeza y la de otros, lo que no sucede, todo ello llena el vacío de este blog. La aventura sigilosa que es escribir.

431801_520397894664779_433657344_nPq soy periodista…

Soy periodista porque siento la necesidad de comunicar lo que pienso. Dicho impulso tiene un origen ancestral. Con el análisis y la cautela siempre se logra un mensaje coherente y público. El periodismo se diferencia de la literatura por varios filtros profesionales: ¿es verdad lo que vamos a contar?, ¿es útil para alguien?, ¿resulta absolutamente necesario que lo contemos? Conste que no estoy apoyando el silencio como forma de comunicarnos o incomunicarnos, al contrario: nuestra capacidad de pensar y expresarnos sólo deberá detenerse allí donde comienza el respeto a las mismas funciones del otro. Olvidar la fórmula de que todo periodista necesita de un oyente, lector o televidente,  conlleva a que la opinión pública vaya por un lado y el comunicador incomunique. El periodismo no es cuestión de azar, tampoco de dar tumbos en busca del éxito inmediato. Porque el verdadero éxito está en el mérito, y ese se logra de manera silenciosa y modesta por paradójico que nos parezca. No convence más la radio que grita, sino la que conversa. No son las voces de circo aquellas que mueven al pensamiento, sino aquellas que desde lo profundo de la caverna nos hablan con sosiego. Un comunicador, un profesional de la palabra, no desperdicia palabras, sólo deberá repetirlas cuando su esencia lo amerite. Hablo de mensajes que por complejos, verdaderos y útiles, conllevan más espacio. Sin embargo el rol de la comunicación lo perdemos con el ruido y ese humo, maldito humo, que nadie sabe quién lo genera, pero encubre lo que muchos llamamos una verdad útil, incómoda, necesaria e inmediata. En resumen, los periodistas, los que amamos la profesión como sacerdocio, queremos ser solamente eso, periodistas.

 

Un pensamiento en “Yo

  1. En efecto, el rol de la comunicación se pierde por el ruido y el humo. Pero no el ruido ensordecedor de las máquinas industriales, la actividad rabiosa de la vida cotidiana, ni el ruido irracional de la ciudad furiosa. Se pierde por el ruido de latón, como escribía un autor conocido. El ruido de la mediocridad educada, la falta de autenticidad… el ruido afónico. Porque la verdad es para los valientes… y es alcanzada por asalto — como tantas veces se ha dicho. La verdad — y el rol de la comunicación con ella —, no obstante, sobrevive la ira del tiempo en el ser de quienes aman la profesión. Quienes tienen un romance auténtico con la verdad.

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