AVENTURAS SIGILOSAS

Trump y el Leviatán nazi

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El siglo XVII trajo quizás mayor claridad filosófica que los cien años siguientes, los iluminados pensadores franceses de la centuria dieciochesca tenían una deuda fundamental con los pares ingleses. Hobbes, uno de los isleños que más aportó a la política venidera, tuvo que asilarse en Francia debido al caos de la revolución contra los Estuardo a partir de 1640. La isla británica pronto vio deshecha la testa coronada del rey, rotos los derechos divinos, vacío el trono que podía ocupar cualquiera, hubo necesidad de explicar qué pasaba (una de esas necesidades racionales de acercarse a la realidad, tan mentadas por el filósofo posterior Hegel).

Fuera de toda dimensión infinita, Hobbes se dedicó a explicar la necesidad de un Estado que ya no incluyera el poder divino de los reyes, el cual se hizo débil a partir de la toma de posesión de la burguesía inglesa. Fue la Inglaterra republicana de Oliverio Cromwell el modelo que usó el pensador para justificar la fortaleza de Leviatán, monstruo bíblico que personificaba al Estado, entidad sin dudas terrible ya que representa la total represión y el control de todos los recursos. Para Hobbes ese monstruo era preferible a la anarquía o estadío de la naturaleza, donde los hombres luchaban todos contra todos y nadie llegaba a nada. Un monstruo para otro monstruo. Y sobre las bases de esas ideas surgió el moderno modo de gobernar, en la Inglaterra del siglo XVII, donde el rey nunca más fue rey y sin embargo hasta hoy es dueño de la nación y Jefe de Estado de medio mundo a través de la Comunidad de Naciones Británicas.

Como se ve, en las bases del primer liberalismo ya estaba el germen de las dictaduras del siglo XX. El Estado por encima de todo, la omnipotencia del poder ejecutivo, su necesidad racional vista luego por el alemán Hegel, quien así justificaba el autoritarismo militarista de la administración prusiana. La vieja forma de gobierno inglesa se fue reformando hasta volverse parlamentaria, aún así hoy sorprende la gestión que tiene la Reina y cómo el Primer Ministro apenas es su sombra. El Reino Unido nunca ha sido una dictadura, pero con su teoría del Estado dio paso a las administraciones fuertes. ¿Será que el liberalismo es el padre del miedo? Con la elección de Donald Trump en el otro lado del océano, se ha confirmado que el Estado es un Leviatán, pues ante un Congreso colapsado y un bipartidismo deforme surge el poder norteamericano en esencia pura, para defender la economía casera (América Primero). En esta genealogía de las ideas Trump es hijo de Hobbes quien es hijo del miedo (esto último lo escribió el propio filósofo).

Si Trump es un miedoso, entonces el mundo está en peligro. Imaginémonos a Calígula con arsenales nucleares a su alcance, su ansia de poder e irracionalidad mezcladas con un ejército ilimitado. La crueldad de Roma tuvo límites ahí donde acababa la ciudad, el mare nostum seguía siendo pagano a la manera de los reinos sojuzgados, fueron los judíos quienes crucificaron a Jesús en tiempos de Tiberio, no el gobernador Pilatos. Todo porque el César ni tenía internet, ni jet privado, ni CIA, ni misiles intercontinentales, ni financiaba a las Naciones Unidas. Es tremenda la forma en que las ideas de Hobbes acerca del Leviatán estatal se cumplen. Al paso que va Estados Unidos, pudiera desaparecer el parlamento, limitarse la prensa y prohibirse la libre asociación. La continuidad entre Bush Jr. y Trump está dada por el endurecimiento del gobierno frente al individuo, al punto de que el pensar llega a ser delito.

Lo que hay en la silla de la Casa Blanca parece cualquier cosa menos un primer ciudadano, son los tiempos de la restauración del Leviatán. Lo que hay detrás de la silla resulta indecible, Marcos Rubio dice que Cuba tiene armas sónicas. La embajada en la Habana peligra, porque el Estado fuerte está haciendo valer su derecho por encima de los individuos, dicho cierre resultaría perjudicial a miles de estadounidenses, pero al monstruo no le importa otra cosa que la restauración del miedo. Tomas Paine, uno de los padres de la nación norteña y  filósofo del siglo XVIII tendría que asilarse de nuevo en Europa (terminó siendo odiado por personajes tan dispares como Pitt y Washington), el liberalismo tiene que dejar de ser en el país liberal. La racionalidad hegeliana se trastoca en irracionalidad, todo lo real es irracional. Pobres prusianos. ¡Vae Victis!

Cualquiera con dos dedos de frente sabe que Cuba no puede tener armamento sofisticado, pues se arruinaría. La isla apenas hace funcionar su sistema electroenergético, depende de un agónico comercio exterior y de un turismo que no despega. Sin el servicio militar, el ejército fuera exiguo, aún así los reclutas son chicos preuniversitarios de baja preparación combativa. La patria de Martí no está diseñada para hacer guerras en el exterior y tiene mucho que arreglar en casa, para pasársela usando cañones sónicos contra diplomáticos estadounidenses. ¿Será verdad lo del Maine como excusa y montaje para intervenir en 1898 en Cuba? Este asunto trampista/trumpista y marcorrubiano suena igual que la estación de radio alemana que los nazis atacaron en la frontera con Polonia, para justificar una agresión militar. ¿Otro autogolpe, otros Kennedys recibiendo disparos en medio de la nada soleada y cubana?

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