Leo

DQ-B1C-Domínguez-Pere

Suelo leer bastante, de hecho, mi vida se puede marcar por ciclos de lecturas. Hay experiencias que llevo unidas a la portada y el olor de este o aquel libro. En mi cama he hecho el amor, mientras desde un recoveco del colchón un volumen de literatura nos observa. Sí, como una especie de voyeur sin vida. Leer es un oficio, que ojalá algún día se pague, uno empieza como jugando y termina siendo un tipo serio que va en la guagua leyendo con fruición, en este país donde cada vez se lee menos. Sí, las ferias del libro son eso, ferias, donde se compra y donde falta el apego de antaño.
Me cuentan que hace décadas, podías comprarte la Comedia Humana de Balzac por unos quilos. Ahora no alcanza el salario para adquirir alguna novedad literaria, pues los precios oscilan entre los 10 y los 1000 pesos. De tal forma, sería bueno que en Cuba se generalizaran los ebooks o libros electrónicos que tanto atacan los defensores de la pasta de papel y algunos articulistas del periodismo nacional. Considero que si la carestía reside en la falta de infraestructura editorial, una buena manera de paliar los males sería generalizando la lectura en soporte digital. De hecho, la mayor parte de la literatura más actualizada que leo, se la debo al computador, pues en las bibliotecas rara vez se encuentra algún ejemplar de lo más reciente, quizás con las honrosas excepciones compiladas por la Casa de las Américas.
Dicen también que lo primero que se imprimió luego de 1959, fecha parteaguas en la cultura nacional, fue el Quijote, abreviatura del nombre más largo de una obra imprescindible, que es en sí misma una alegoría sobre el poder de la lectura para esclarecer o enmarañar las grandes mentiras y verdades. Tal parecía que Cuba se llenaba de novísimos Alonsos Quijanos dispuestos a entender y a cambiar el mundo, o quizás era aquello una metáfora del destino quijotesco que nos aguardaba como nación. Lo cierto es que podría contarse con los dedos de las manos la cantidad de jóvenes y no tan jóvenes que hablan con entusiasmo sobre el Quijote, a no ser que Hollywood haga un serial sobre el libro y se propague una versión con los tintes eróticos y violentos que son consustanciales al género. En Cuba, le gente lee menos o no lee, se puede ver en el Paquete, ese canal que circula de memoria en memoria por todo el país, donde prima lo audiovisual y apenas hallas los mismos libros o los diarios extranjeros siempre interesantes en tanto te muestran el mundo de forma off line.
Lo otro que podríamos preguntarnos es cuánta gente ve en las bibliotecas una fuente de conocimiento real y de recreación, además de que desde cuándo dichas instituciones no emprenden acciones serias para ganar de su lado a ese público. El divorcio de la cultura que padece hoy el pueblo cubano responde a patrones propios de una realidad específica y a la vez a fenómenos mundiales de los estilos predominantes de consumo. Se ve en las zonas wifi, donde la gente no busca tanto informarse ni leer abiertamente como comunicarse con el familiar o con la pareja allende los mares, no importa si la conversación es baladí o si la tarjeta de conectividad cuesta 50 pesos cubanos la hora (me han informado que en algunas zonas del mundo la wifi es gratis). La cultura no está de moda, ni los modales ni nada de eso. Así se generaliza una manera de asumir las cosmovisiones que deviene provinciana y limitada, donde los héroes cotidianos son los mochileros que traen ropa de Ecuador o el tipo que defalcó una empresa y supo sobrevivir para hacer inversiones y nuevos negocios gordos.
En una fiesta por el día de los niños que se hizo en mi pueblo, un payaso preguntaba qué serían cuando grandes y el juego tuvo que terminar pues uno de los nenes dijo que deseaba trabajar en el turismo. Como vemos, el pragmatismo de hoy va sembrando la semilla de un mañana conformista, genera patrones inalterables que sólo una nueva realidad podrá remover. Leer en esas condiciones es quijotesco de veras, más aún si usted lo hace porque piensa obtener de ello alguna ganancia.
Aún así yo leo y probablemente usted también, y otros tantos (¿o tontos?), y no sabemos qué hacer con las ideas que bullen de tantas lecturas y nos terminamos preguntando si podríamos coger una lanza y un escudo e ir en busca de Rocinante. No, nada de eso, conocemos que los molinos no son gigantes, sino molinos, máquinas que te muelen literalmente. Es bueno leer, porque te da perspectiva, te distancia del asunto y eso es en suma la sabiduría: una forma especial de sufrimiento que proviene del manejo del origen de las cosas. Así lo dice Salomón en Eclesiastés, saber es sufrir. Leer bonifica una vanidad invisible e inaudible que salta cuando nuestro pensamiento penetra aquí, acá, allá y acullá. Sí, sin leer no habrá nada real en términos razonables, ni sentido del bien y del mal, ni criterio propio para dirimir juicios.
Hecho de palabras es nuestro pensamiento, sin palabras caeríamos en la mudez interna, no llevaríamos ese eterno diálogo con uno mismo, esa conversación interminable con el yo que produce la luz. Hay en cada uno de nosotros un libro que se escribe y se lee constantemente, de manera tal que somos autores y público expectante a la vez. Leer es leernos, leernos es vivir quizás el único para siempre que tenemos a la mano.

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3 pensamientos en “Leo

  1. No creo — con todo respeto — que el pragmatismo de hoy va sembrando la semilla de un mañana conformista. Pienso que el conformismo de ayer generó el pragmatismo de hoy. Yo no sé mañana — como dice Luis Enrique.

    Pragmatismo es limitarse a lo que se tiene en la mano, inmediato, práctico: irreflexivo. Pragmatismo es aceptar lo dado como definitivo, final, inmutable; es no ir más allá de… lo que trajo en barco. El conformismo de ayer (hace unas pocas décadas, cuando “podías comprarte la Comedia Humana de Balzac por unos quilos”) estaba en la gente que soñaba las leyes insobornables de la historia resolverían todos los problemas. No ellos mismos. Sólo necesitaban fe… y, tal vez, un discurso creíble. Fe y soñar. Hoy ya no tienen fe en aquellos cantos de sirenas… y el conformismo degeneró a su forma desnuda: el pragmatismo.

    Yo tampoco sé mañana… pero, con cautela, me apunto en la lista de los optimistas. Porque lanzaron muchas semillas al viento, y tarde o temprano algunas germinan en terreno fértil. Ahora la gente no lee y habla mucha tontera. Ayer los mismos tontos no hablaban y pasaban por sabios. Tampoco leían. Siempre habrá quijotes, rocinantes… y adargas bajo el brazo… de cara al Sol. Algunos serán más osados que otros, y tendrán sus aventuras sigilosas. Gracias.

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  2. Buen post, como siempre. Me recuerdas a una profesora que me decía que leyendo se olvidaba del mundo y empezaba a vivir en otro, a Buena Fe en su pedazo de canción “Debo ser feliz porque en mis libros me voy sin sacar pasaporte”. Es triste la situación de los libros en la actualidad y peor las de lass ferias del libro, es triste que tengamos que pagar 2cuc por una wifi que obviamente o podemos usar para leer e informarnos sino más bien para saber de la familia que está del otro lado. Al fin y al cabo no todos tenemos el mismo acceso a la informacion, y eso sí que es triste.

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