Deshielo

12376669_1071128112930790_5022688271129188915_n

Foto: Bernardo Salazar

Dicen los turistas que quieren ver a Cuba, a la chica virgen, antes de que caiga en el sofá del mercado y la desfloren las cocacolas, el sprite, los casinos, el turismo cosmopolita. Quieren tocarle los senos a la muchacha, antes que se mustien, quieren olerle las esencias a Centro Habana, al Cerro, al periódico Granma, a los congresos, a los cartelitos del CDR, al muro invisible que les recuerda tantos muros visibles en tantas partes.
Los turistas, muchos de ellos estadounidenses, hablan de deshielo y pienso en frigoríficos, en películas sobre el polo norte, en la nieve cayendo sobre Moscú que no creyó en lágrimas, en el frío de un cañaveral a las tres de la mañana en diciembre. Pienso en un trozo de hielo de esos que se usan para el ron, piedra cuadrada e inmensa que ruedan por las calles en tiempos de carnaval.
En esta fiesta somos los desflorados, los raros, los puros; nosotros que nos creíamos heterodoxos, dinámicos, vivos. Ahora resulta que nos colocan en la vitrina de la Historia y un viejito vestido con mil trapos color beige nos tira una sarta de fotos. El calor los lleva Centro Habana abajo, los derrite, les pone marcas de sol en la cara, uno los ve tomar agua de pomito, averiguar por tal o más cuál calle, mirar los mapas constantemente, uno los ve con los hijos y los nietos (desorientados muchachos que te miran como si no existieras, como si todo esto no fuese verdad y tú y tu vida estuvieran preconcebidos, montados a exprofeso, un tinglado, un escenario).
Uno siente que envejece ante la mirada de estos turistas, me salen arrugas, el pelo se me destiñe, soy más blanco de lo habitual; de repente uno de esos vendedores de maracas me confunde con extranjero e intenta meterme gato por liebre. Han pasado sólo segundos y ya se siente la cercanía de la muerte, como si vivir fuese una tarea cuestarriba en estas tierras raras, desprovistas, desoladas, baldías, yermas, llenas de una moda demodés.
Yo me doy por vencido una vez más, decido irme de la Habana, correr hasta mi cuarto en Remedios, tomar la Biblia, leer a Martí, a Lezama, saber que quizás me queda poco o que nunca tuve demasiado tiempo, que no es el momento ni el lugar, que los oasis no son para siempre, que ahogarse es normal sin que medie el mar ni el río.
Hay quien se ahoga en seco, como en aquel cuento de Virgilio Piñera, pero según los turistas yo me estoy ahogando en un trozo de deshielo, o sea que probablemente mi cadáver aparezca en los próximos carnavales, metido en un tanque de cerveza fría.
De cualquier forma resulta incómoda esta situación de vitrina, donde tú no encuentras el rostro humano ni el gesto amable, donde todo encanta mientras más se desluce, donde los edificios fantasmales y llenos de aditivos de mal gusto son el goce de los chicos de Canadá, de Inglaterra, de los viejos de Austria, de los españoles con sus risas sonantes y de los alemanes, que miran todo como quienes todo lo entienden o como quienes nada entienden.
En esta isla estrecha rodeada de tantos tiburones, no hay mucho sitio adonde ir, los refugios se tornan quimeras, uno los inventa, los recrea como si fuesen ciudades invisibles, uno juega con la idea de Marco Polo y el Gran Khan, con Italo Calvino, uno cree que quizás la idea de isla es solo eso, una idea, finita y moribunda, que detrás de esa isla hay continentes, monasterios, pasillos con olor a libros.
Uno quisiera que este deshielo no fuese tan público, tan espectacular, todos parecen buscar un palco o una sitio en la platea, hay quien se sienta delante del televisor para ver las cosas a distancia y tener la libertad de cambiar de canal o quitarle el volumen. Uno se siente derretido delante de todos, uno nota esta desnudez desprovista que nos asalta en medio del sueño, uno corre y busca esconderse, pero las cámaras salen raudas y uno ocupa las portadas de todos los periódicos o un pedacito en el álbum de viaje de algún sueco.
Uno quisiera borrar todo el escenario lo más rápido posible, pero el hielo tarda en desaparecer, es un asunto muy lucrativo esto de irse muriendo de a poco.

Anuncios

5 pensamientos en “Deshielo

  1. Muy cierto Mauricio pero, solo ilustras una realidad chillona, o propones un nuevo camino que nos lleve en el sentido de la coherencia? Pienso que hay que hacer las dos cosas. Me gusta tu descarnado estilo. Un abrazo. Tu coterráneo Victor.

    Le gusta a 1 persona

  2. Soy de las que crea y vive de las pequeñas quimera, y como dice Buena Fe, de las que se va en su libro sin sacar pasaporte. Yo creo en el deshielo, tengo fe en los cambios, y me duele tanto que desde ya muchos de mis amig@os me digan que esperan, desde el otro lado que sea yo quien se los cuente…. yo que quería saborearlos con ellos acá, en nuestra orilla. Buen artículo!!!

    Le gusta a 1 persona

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s