28

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Foto: Bernardo Salazar

¿Cómo describir la ansiedad que se siente delante de un número que te aplasta?, ¿qué hacer cuando la edad te obliga a ser de una forma digamos antigua, a volverte columna, carcoma, voluta de humo? Nada, sólo queda el camino de la edad fluyente, el breve trazo de la sombra, el reflejo de la lluvia en la callejuela.
De los años perdidos no nos queda sino una sensación de derrota, que sólo tienen los que conocen su edad a fondo y a la vez la rechazan: edad muerte, edad diente, edad nublada, edad oscura, edad relámpago que se pierde o que se encuentra.
Simbología que ya marca mi paso, le pone cifras, lo determina, lo limita, paso de edades, de tiempos finitos, finiquitados.
¿Qué hacer cuando cumples 28 y no sabes qué edad decir, cuando no eres ni viejo ni nuevo, ni nada?
Si digo algo, seguro aparece la contradicción, la réplica, el número que quiebra exactitudes, la fijeza.
Si planteo vaguedades me veo entonces con forma de esfinge, dispar de mí mismo, juvenil loco viejo que nada espera.
Como un viejo árbol de botas colgantes, camino esta edad.

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