Sacrificio

Sacrificium

Escucho a la Bartoly por enésima vez, sentado en el borde de mi cama, la veo con el vientre cortado, con el sexo taciturno y ausente. Su voz es un gato, se desliza, tiene la timidez de mis años adolescentes, más que una voz es una verdad en ciernes, un pequeño relámpago en mi habitación siempre oscura y a la caza de tristezas.
Sacrificio, el quedarme solo, sacrificio, por apostarle a la nada, un hueco, un aire de ausencia y sexos cortados que llena este instante donde el bien y la belleza parecen posibles, y digo sólo este instante, pequeño segundo inexistente, minúsculo aire.
La voz de la Bartoly se extiende, no hay otra en todo el mundo, un aria que mueve a morir lentamente, como si la muerte fuese el manjar que nos queda, el respiro que tenemos.
Bartoly canta y yo muero, aunque no definitivamente, aún.

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