Satisfaction

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Seguramente los veré desde un palco lateral, o a mí al menos me parecerá eso: un palco. Realmente estaré parado en un solo pie, al lado de un grupo de rockeros más o menos amantes de los Rolling Stones, conocedores de último momento, fans ad hoc, gritos con pies y manos y bocas abiertas olorosas a ron.
Estaré callado como de costumbre, sin comprender por qué tanto tiempo, pensando en lo de siempre: la de años que esa música estuvo prohibida (sin que mediara un decreto claro al respecto), la pila de cuentos sobre los jeans proscritos, los pelos cortados a la entrada de la escuela, los expedientes con la rúbrica de “elvyspreslianos”.
Obama viene a Cuba, pero más se habla inter nos de los ingleses irreverentes, sexistas, herejes a la ene potencia. El presidente de los Estados Unidos, con su imagen de puntualidad y su trote en la escalera del avión tendrá que vérselas con unos viejos feísimos , pero que llevan décadas luchando su yuca en el escenario del marketing, al punto de ser ellos mismos una marca.
La Ciudad Deportiva y su armatroste de paredes de concreto, parafernalia del pasado deportivo y glorioso, recogerá la rebeldía de los enemigos públicos de los Beatles. Algunos irán con bastón, a mirar los íconos de una juventud difusa, un tiempo que se fue entre el baile de María Caracoles de Pello el Afrocán y aquellas fiestas tan sanas, donde todos vestían iguales, tomaban poco alcohol y tenían mucho sexo adolescente al aire libre.
Seguramente Mick Jagger olerá toda esa carga ambiental y los dioses del rock bendecirán cualquier irreverencia demasiado transgresora, violadora de olimpos burocráticos, de telones de acero, de rúbricas en el expediente escolar, de cabellos masculinos cortados en plena tarde justo a la hora de irse a la escuela al campo. No habrá otro remedio que aceptar la entrada de los dioses del rock, siempre oscuros, sonrientes, macabros, terriblemente liberales. Esta vez los soñadores vencerán a los utilitarios, los incoherentes a los correctos, los eternos a los transitorios, el ruido a la marcha, el metal corroído y añejo al acero inoxidable y triunfal, el viejo verde al joven soso.
Nunca estuve en esas noches de cualquier casita frente a la playa donde sonaban los discos de los Rolling, no hice el amor entre vahos de campiña en un parque de los años setenta, jamás me persiguieron por tener toda la discografía de los Beatles y escucharla, tararearla, aprender inglés con Lennon y McCartney. Uso melena, no muy larga, pero sobresale entre los pelados con forma de estrella, de oso, de merluza, de algas que proliferan.
Nunca fui un Stone, ni un Beatle, al menos en esta vida.
Junto al rock, están los archivos musicales clásicos (se conocen por ese nombre, que no me gusta mucho): los Conciertos de Brandemburgo y las Variaciones Goldberg de Bach, la Música Sacra de Vivaldi y las Cuatro Estaciones, los Nocturnos de Chopin, algunas óperas de Richard Wagner. Todo ello engrosando la banda sonora de mi vida, los arpegios de mi cuarto oscuro, donde sólo se prende la luz de la computadora o el bombillo agitador de lecturas.
Si me creyera miembro, coetáneo tardío, integrante de cualquiera de estos ídolos musicales; tendría que volverme un aleph viviente de todas las épocas y sitios posibles.
Mejor asistir a la Ciudad Deportiva y hacerlo además acompañado, porque al menos así puedo hacer el amor luego del concierto, pensar que estamos en una playita furtiva o en un parque de los años setenta, dos proscritos, dos consumidores de diversionismo, dos que nada valen para otros pero que viven la imagen de valer mucho. Imagen al fin, ese pasado efímero y traído ad hoc se desvanece con el semen saliente y el beso animal, el respiro en la espalda, el resuello que levanta las últimas hebras del cabello de la chica.
La canción estará sonando en algún sitio, quizás en esa playita prohibida de los años setenta del Congreso Nacional de Educación y Cultura, de los grises quinquenales y decenales. Oiremos esa canción como dos hippies que descubren lo hippy como sentimiento, fundaremos el amor como antídoto, generaremos otra vez lo consabido, lo obvio; porque todavía no creo que nadie haya entendido bien cuando la canción dice “satisfaction”.
Al otro día alguien dirá que nunca hubo prohibición alguna sobre los Stones, que la playita jamás estuvo proscrita ni mucho menos el sexo al aire libre, que 1984 no se refiere a la URSS, que lo correcto es aceptar esta o aquella metáfora. Callaré a sabiendas de que todo fue borrado, no hay registros de esta o aquella prohibición. Como en la novela de George Orwell, toda pista se rehízo. Luego de una noche donde el pasado acarició mi entrepierna (intercambio de fluidos y libertades) aceptaré que mi edad no es suficiente para saber qué pasó, porque todo lo vivido ha sido un espejismo.

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8 pensamientos en “Satisfaction

  1. Bueno, yo también formé parte del No, además de los bien descrito por Miguez, no se escuchaba Raphael, ni Julio Iglesias, ni Camilo Sesto ni Roberto Carlos, ni … ni….ni…. ni qué decir de cualquier música en inglés y acusarte inmediatamente de Diversionismo Ideológico, cuántas cosas absurdas! Me encanta que todos abramos nuestras mentes y que al igual que Antes y como en cualquier país normal, se permita toda manifestación artística, se permita salir y visitar cualquier sitio, se permita comprar una vivienda, se permita vivir, tal y como se hacía Antes, es tan sencillo! Y bueno qué decir del concierto de Los Rolling, seguro será un éxito y que hay que vivir y disfrutar como algo único e irrepetible! Yo que soy un fans declarado de Los Stones no pienso en su música ahora, solo pienso en el amigo remediano que murió este viernes en mi ciudad y que ayer fue enterrado, desde aquí mi Oración y el deseo de que Decanses en Paz. Esa es mi Satisfation hoy.

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  2. Como dices, yo tampoco he sido hippy, ni Beatles, ni Rolling, al menos en esta vida, pero el simple hecho de que estén en Cuba harán que quiera llegarme a la Ciudad Deportiva, y aunque apenas pueda tararear una canción, sentiré allí, en el ambiente febril de los hippies, la sensación de que la historia se ha encargado de reparar cada uno de los muchos errores que se han cometido, la misma historia que se ha encargado de mostrarnoslo a los que vivimos el restablecimiento de relaciones hasta con nosotros mismos, la misma historia de esta maravillosa Isla que aún estamos construyendo.

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  3. Sabes soy de la generacion del NO, no melena no barba, no yin, no birol, no Feliciano, no, no y no. Nos toco, no aspirar a nada material, solo diplomas y medallas, mucho trabajo no renumerado y la critica muy moderada, en fin el NO al cuadrado.b

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