Un hombre solo en una isla

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Dos visiones de Saturno, por Rubens y Goya

Así pudiera empezar la sombra del hombre: la música de media noche que cae a través de la ciudad, la botella que gira calle abajo. Cuerpo humano que pierde peso, se diluye en el alcohol, decrece, piensa en su mujer, en la muerte. Un gris triste se torna negro cruel en su frente. Santa Clara se levanta azorada a las seis de la mañana.
Ha sido tan doloroso el aullido en la casa de al lado –dicen que los niños se escondieron, pero que las llamas se propagaron con la rapidez de un ser nopensante– la ciudad se quedó en susurros, debajo de la cama, el incendio la redujo a 60 cm. La llevaron de la morgue al cementerio sin discusión, tenía pocos años. Pobre niña.
El otro corrió y, aunque ya todo parece terminar, él estará así durante un tiempo, lo veremos alejarse de todos, asumir un rostro duro, notaremos cómo la bondad se marchó de él. Tiene cuatro años y vio a su hermana reducida a 60 cm. de cenizas.
Él ya no tendrá pocos años, ni siquiera cumplirá más edad.
Su madre yace en una sala siquiátrica, en medio del barullo y la lástima, mientras en el ámbito priman los gritos de venganza y las contenciones de último momento. Ni siquiera la radio atajó un titular harto inverosímil en su discurso: “Masiva manifestación en las calles de Santa Clara”.
El asesino pierde rostro, se torna sombra, se vuelve calle, portal, alero, techo, habita el hogar vacío de un barrio periférico. Hasta allí fue la policía, allí ladraron perros y vecinos y el perseguido tornóse pálido, rendido, como desleído en la tarde de patrullas y uniformes.
“Que maten al cabrón, fusilamiento, pena de muerte, que lo quemen vivo, que le corten los huevos, que lo piquen en dos”
Si la turba tomara justicia habría que ver el rojo por toda Santa Clara, un rojo filosófico, que expresa las ansias por corregir el desvío de los años, la impune vida del diario bregar entre leones, filosofía del hombre que endereza a trastazos la joroba, el hueco, lo tenue, lo poco claro, la incertidumbre.
Si el ojo por ojo mira de frente a la ciudad, habría un grito material y cortante a todo lo largo desde la Loma del Capiro hasta la Carretera Central, un murmullo sordo y visceral de mil mierdas que se destapan a la vez, órganos descompuestos que exhalan el olor de las décadas perdidas y por perder.
Algunos dicen que la pena de muerte debe existir. Otros se cuestionan hasta dónde llegará el sinsabor humano que nos diluye.
Yo oigo la noticia, la comparto en las redes, no puedo dormir.
Viví diez años en Santa Clara, anduve las mismas calles ahora diluidas en la frente del asesino, pasé por delante de esas persianas que ahora certifican los peritos y los perros pastores alemanes.
Yo oigo la noticia y me pregunto cuántas otras cosas no se publican, cosas atroces que jamás traspasan la pared vecina.
Hemos barrido demasiado nuestra mierda debajo del tapete, y todo tiene un límite, incluso la mierda.
No existen medidores de mierda, ni tapetes inmortales.
Quizás dejamos de la mano algunas cosas, en fin, que las películas del sábado ya hace tiempo acontecen en la esquina.
Hay una imagen sin embargo que no se me va, un hombre sentado en una celda, solo en una isla, un hombre malo, asesino, culpable.
El hombre sin embargo no deja de ser, de encarnar lo humano, y uno siente cariño y asco por pertenecer a su especie.
Un asesino es lo más parecido que hay a un inocente, sus miradas se entroncan en el mismo vacío, en la misma nada.
Algo ha salido mal, voy por la calle, Centro Habana está lejos de Santa Clara pero la radio me acerca al hombre, a la celda, a los 60 cm. De niña echados ya en la fosa.
Como si la existencia no existiere, reprimo un frío en la espalda, creo que hay días en que uno debiera apagarlo todo, creerse fantasma, no pensar estas esencias.
Esos días son duros, pero nos enseñan a mirar con claridad.
No soy yo el asesino y me siento solo en una isla.

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2 pensamientos en “Un hombre solo en una isla

  1. La sociedad Cubana explota ante tamaña degradación del hombre, en una sociedad que tiene valores, aquí en allendes tierras lo no cotidiano, se vuelve cotidiano, la Muerte no es conosida, esta presente en el día a dia, gracias a Dios, que quedan Sociedades que velan por la Vida.

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