Colgado de la noche

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Foto:Bernardo Salazar

La carretera está caída, cuelga en un pedazo de la noche, sus brazos son dos huecos pendientes de otro hueco. Yo sólo huelo el azar y apresuro el paso, miles de yutones salen rasantes, miles de aviones, los viajes son infinitos y salvajes, la gente no sabe adónde va mientras deja regados el pecho, el cerebro, todo su mucho o poco dinero.
Yo sólo miro la noche, mi noche que es como un detenimiento, esa noche que comenzó hace años y que no quiere irse. Noche estática sin luces, noche de carrusel ficticio, noche sin noches reales, oscuridad fluorescente que alumbra mis pasos por el parque de Remedios o por la calle Reina de La Habana. Teléfono descolgado que avisa de mi soledad, del silencio que sale de cada hueco en cada brazo colgante de este azar de sobrevida.
La carretera bien pudiera ser una interrogante o tener implícitas todas las respuestas, o ser una respuesta a una interrogante que nunca existió; todo parece al cabo posible, o todo parece imposible.
Al final lo mejor es no preguntarse y seguir, que los pasos queden uno a uno en el fango de la noche, en Remedios o en Reina.
Al final la lluvia es siempre ese duendecillo que sigue chillando.
He visto muchos rostros en la noche, el peor era el mío, yo con cara de interrogante, yo con cara de respuesta, yo sin saber nada, yo sabiendo todo. Yo siempre ese yo fluorescente, como una luz nocturna, como el alumbrado público deficiente.
Busqué muchas noches esa verdad, iba con sabor y olor a vino, mis pasos eran una corredera de miedos. Yo sólo puedo tambalearme cuando llega el momento de la búsqueda.
12736434_1033434246700177_154939300_nUn amigo dirá como siempre que me pierdo, otra dirá que no defino, que mi flecha se desfleca, que se desvía a propósito.
He gastado muchas noches esperando la tragedia definitiva, las tramé luego de tardes de vino, de alcoholes, las tramé debajo de un poste de luz, en la ciudad de la absoluta soledad, allá donde llueven chismes y el cuerpo y el alma desaparecen o nunca nacen.
Remedios bien pudiera ser Reina y viceversa. La soledad tiene ciclos y yo ya no tengo rostros para resistir, la soledad es la verdad misma, es el sabor a verdad que tanto enmascaré con el vino, con lo amargo, es lo dulce que molesta, la duro de vivir en ciclos.
La noche pende de la noche y esa noche pende de otra.
Yo pendo de todas las noches y sólo puedo ver el soplo de las yutones, de los aviones, de los viajes, de las cabezas olvidadas.
Yo sólo puedo olvidarme junto a las cabezas, recostar mi cabeza en el almohadón, verme florecer como una nube.
Sólo soy la antítesis sin tesis, el nacido sin nada.
Una nada nihilista que yo representaría así: 3(N).
Las noches sólo penden, a ellas qué les importo yo.

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2 pensamientos en “Colgado de la noche

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