Tarde bucólica de domingo

DSC_0000176Claro que me gusta caminar, sucede que se hallan cosas tan insólitas como habituales, claro que gustó del viejo horcón en la mar negra, por supuesto que me agradan el aire y las muchachas, a veces me pienso que soy una estatua en medio de todo el fárrago y el olor a domingo, ese olor a fritangas y sonrisas montadas para la ocasión.
Sí, las gaviotas vuelan demasiado alto sobre el muelle flotante, y yo he sido el alma que carenó entre los postes y los cables de la tarde-noche en esta ciudad demasiado grande, demasiado fría.
Luego voy boulevard abajo, entre las estatuas vivientes y la musiquilla de los intrigantes, entre el turismo vano y en serio que mueve los hilos de una vida múltiple. He quedado allí detenido, he sido allí una estatua más entre tantas que destilan tarde y aromas.
Tarde bucólica de domingo, tarde de muelle y esencias que flotan, de gaviotas y permisos al aire. Tarde-noche que ya se avizoraba en la aguja de la iglesia, en las aguas más negras, más frías.
DSC_0000184He quedado en esa tarde y al volver a la realidad me llevé la tarde en un bolsillo, junto a dos pesos cubanos, un poco de maní tostado, tres pizcas de ganas de desaparecer.
Me fui calle abajo mientras oía la música bajar a través de mi cuerpo, otra vez como el avizor golpe de otras tardes.
(El mundo puede que esté demasiado cuerdo para vivirlo)
El horcón quedó detrás, inmóvil y azotado, el edificio ya se sume en la oscuridad de siempre.
Mi vida es la incógnita del poeta, sólo que el poeta se responde a sí mismo y mis augures aún tardan demasiado.
Cuanto más el beso se aleja, el piano se acerca y baja a través de mi cuerpo, como un copo de miedo en mi entrepierna.
He sido ya demasiadas personas, hora ya de que siente mi peso ingrávido en un solo destino, aunque nada valga ese pesar.
La tarde se cae boulevard abajo como una rueda del infortunio, he quedado allí, sin tardes, a la espera del próximo horcón.
Ahora sólo está el paseo marítimo y los peces que me acompañan, los manises tostados y el beso que se quiebra.
Tarde bucólica de domingo donde me he perdido para siempre, hasta no volver, hasta un aviso sin nombre ni destinatario.
Tarde de domingo donde todo me parece tardío.
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